Monstruos que retozan en este sitio:

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Las aves

-¡No vuelvas!- advertía el cartel de salida.
¡Pero él recién llegaba!
No podía dejarse amedrentar por una madera pintada con una leyenda amenazante.
Se ajustó la mochila a la espalda y acomodándose la remera hizo el paso que hacía falta para cruzar la línea imaginaria que separaba al mundo, del pueblo en el que ingresaba.
Un aleteo grosero le obligó a girar la cabeza de manera alarmante, haciéndo crujir los huesos de la nuca. Cuatro aves negras devoraban un chancho.
Se quedó perplejo, parado en mitad del camino con las piernas flexionadas, listas a correr o caer bajo el peso de su cuerpo aterrorizado.
No podía dejar de mirar la escena truculenta, los picos que se hundían de manera salvaje, destrozando la piel. Casi parecía que la estuvieran destejiendo, sacándola por hebras, deshilachándola para poder llegar a la carne tierna, caliente, sabrosa. Le llevó unos cuantos segundo advertir la respiración dificultosa del animal agonizante. Fue el quejido el que lo sacó de su sopor, una especie de chillido o llamado de auxilio.
El animal estaba siendo devorado vivo.
La naturaleza se regodeaba en su ciclo sanguinario, la podía ver casi sonriendo de costado, sentada a su lado, mirando la escena, aplaudiendo cada picotazo hondo, cada hemorragia producida.Como ser pensante y superior tenía que hacer algo, estaba en su deber de hombre civilizado demostrar el error en ese exabrupto sanguinario. Se decidió y avanzó corriendo, gritando, moviendo los brazos de un lado al otro en un intento frustrado por ahuyentar a las aves de rapiña que sólo levantaron vuelo para cambiar de festín.
Cuando las vio venir, gritó. Sentía como las garras, en vuelo rasante, pasaban desgarrándole la piel. Una mirada hacia el cielo para ver a sus atacantes le costo un ojo, el último grito: un pedazo de lengua.
Desangrándose, aterrado, huyó golpéando con el hombro al letrero que giró sobre si mismo develando una segunda leyenda, en la cara contraria, que gritaba: LOS DIOSES MANDARON UN CASTIGO. ¡ELLOS ESTÁN CON HAMBRE!

11 comentarios:

peregrino dijo...

Lo tuyo es impecable Escarcha, has logrado que me atrapara un género que no era de mi agrado. Muy bueno. Felicitaciones!!!!!!

Bee Borjas dijo...

Madre mía!!! Siempre me dieron kuiki las pelis de pueblos fantasmas...
Te salió un cuento redondo, Diana!
De principio a fin!
Me cache que describís las escenas con tanta veracidad.
Me inclino ante su talento, mujer!
Besos embrujados!!!

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Un relato perturbador, Escarcha, en el que ese cartel de NO VUELVAS del inicio llega a los ojos del lector con un NO LEAS.

Sin duda, has sabido dosificar la tensión del relato, que vibra como la cuerda de un violín.

Un abrazo,

Gala dijo...

Madre mia! como para no tenerle miedo a estos pájaros.. pajaritos, pajarracos... estas carroñeras debían tener un hambre canino. Mas que canino, canival...
Ves? si es que hay que hacer caso siempre a las señales...

Me encantó el relato.

Besitos mediterráneos.

MORGANA dijo...

Joer,Diana,me recordó a la película"Los pájaros".
Tus relatos sabea atrapar y erizar el vello...
¡¡Fabuloso!!
Besos de luz .

Shorby dijo...

Jajajaja me gusta el puntito de "Los pájaros" que tiene el relato, muy bueno =)

Besotes

Enmascarado dijo...

Querida escarcha, te salió un texto muy gráfico. Resulta fácil entrar en la película, produciendo al igual que a tu protagonista que el caminar por el relato sea con pasos cautos y medidos ante el posible ataque de los pajarracos.
Solo hay una parte que saca un poco de la historia, que es la figurativa donde atribuyes cualidad humana a la naturaleza. Es ahí donde terminas cayendo y reconociendo lo pequeños e insignificantes que somos y lo poco que valemos en un ambiente hostil. El final, es el lógico, y es que...la curiosidad mató al gato.

Un abrazo.

mauricio rey dijo...

Un gusto leer esta prosa que mantiene la tensión.
¡Saludos!

chalyvera@gmail.com dijo...

BUENISIMO, felicidades y un beso

LA ZARZAMORA dijo...

Y si llega el castigo de esos Dioses por todas nuestras barbaries cometidas... nos despezarán sin piedad alguna, por comportarnos como chanchos.

Genial!!
Besos, mujer.

Carlobito dijo...

Buenísimo... sentí la desesperación del hombre por hacer algo por el pobre bicho sufriendo... hubiera terminado igual de castigado.

Un abrazo querida amiga.

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