Monstruos que retozan en este sitio:

viernes, 1 de junio de 2012

El vidente

Tenía su propio consultorio en donde atendía desde cincuenta a setenta personas por día.
Su profesión no se estudiaba, venía insertada en los genes.
Era hijo, nieto y bisnieto de chamanes y videntes, pero como todo debía adaptarse a los nuevos tiempos, había actualizado su don, colocando un consultorio y trabajando con pago a contado, tarjeta de crédito, débito y cuenta personal.
Una semana antes, mientras preparaba una poción para recuperar a un marido infiel, la vio reflejada en el vidrio. Una pesada sensación de angustia le aprisionó el pecho. Se dio media vuelta y no la encontró. Sabía que no estaría, pero un instinto básico y absurdo lo hizo comprobar algo que conocía de antemano. La llamó para preguntarle si todo marchaba bien. La mujer respondió entre asombrada y feliz por esa llamada y le contó los pormenores de su mediodía: el colegio de los hijos, el perro, el gato y los precios del supermercado.
Los días que siguieron la vio reflejada en cuanto objeto espejado se cruzara por delante.
Sabía su significado. Lloraba despacito cuando entraba al baño, la abrazaba fuerte durante las noches, no se animaba a hacerle el amor por miedo a romper con el hechizo de una despedida mágica. Su mujer tenía el final del derrotero a metros de distancia. La perdería, dejaría de verla. Ella lo esperaba con las comidas que a él le gustaban y eso lo hacía sentir aun más culpable.
Ella se envolvía en seda durante las noches y lo seducía, dejandole un sabor amargo a traición. No podía decirle que presentía lo que iba a pasar. Mejor dejarlo así. Mejor dejar que la parca roñosa se presentara un buen día sin importunar su presencia, anunciándola.
Se preparó mental y espiritualmente para la pérdida, es más, comenzó a mirar con cierto cariño a su secretaria buscando inconscientemente un consuelo para las noches frías que se avecinaban.
Un lunes ella lo beso fuertemente en la boca y no pudo evitar llorar.
-Te estoy soñando- anunció la mujer- y no son sueños buenos, cuídate por favor, ¡cuídate!
No supo como responder, su mujer, sin dones ni ascendencia de brujos, cuando soñaba algo ¡se cumplía!
¿Y si sus premoniciones eran que no la vería más, porque él se iría?
¿Y si no era ella quien moriría? ¿Si sus visiones le indicaban que esa mujer perdería a su hombre?
No podía dejar de pensar en que tal vez la muerte estaba sentada en el asiento trasero del auto respirándole en la nuca, se sintió abatido, la taquicardia no tardó en llegar, el sudor le corría por la frente, la ansiedad le oprimía el pecho, el susto le provocaba el adormecimiento del brazo izquierdo.
Al mediodía vio llegar a la policía, estaba preparada.
No lloró.
Cuando sus sueños marcaban sentencia, ni los videntes se salvaban.

12 comentarios:

carlos de la parra dijo...

Y dicen que dos gitanos no se leen la mano. Buenísimo. Soberbia narrativa, se queda uno pegado leyendo.

Bee Borjas dijo...

Muy bueno, Escarcha!!!
Este relato es de los que vienen con yapa. Tiene su tinte de suspenso, pero sobrevolás una zona de pena que vs más allá del temor físico. El temor a la pérdida...
De lo mejor, Diana!
Felicitaciones, mi amiga!

José Osvaldo Ferrari dijo...

Muy bueno Diana, muy bien recreado y con excelente remate. Felicitaciones....!!!!!!!

la MaLquEridA dijo...

¡Ay que horror! Ya ni se asustó, sabía lo que pasaría.


Muy bien escrito.

Enmascarado dijo...

Este relato es genial, escacha. Perfecta narración de una muerte anunciada.
Es la pena de los buenos videntes. La alegría...saber cuando tomar un día libre, al fin y al cabo nadie iba a acudir a la consulta.

Abrazos

chalyvera@gmail.com dijo...

Es evidente que un vidente vea mejor que un invidente.

Little Moon dijo...

Hola de nuevo Escarcha , la verdad es que yo me pregunto de donde sacas , esta fantastica naración , eres muy buena poniendo al lector en estado de alerta , muy bueno de verdad besos de Lm.

Patricia Nasello dijo...

Y pensar que él ya andaba "mirando con cariño a la secretaria". No siempre acierta el de mejores condiciones ni quien más sabe...
Un cuento pleno de suspenso dramático y con un giro final espléndido, de esos que arrinconan y deslumbran al lector.

Un beso gigante, querida santiagueña!!!

MIMOSA dijo...

Y paradójicamente era él quien se nombraba vidente. Premonitorios son los sueños, pues hay sueños que evidencian más de lo soñado.
Muy bueno, es como aquello del cazador,cazado!

¡¡Je, je,je, no me he ido!!!!

Mil besos y un fuertísimo abrazo!!!

Torcuato dijo...

Debe ser angustioso vivir con ese don.

Besos, Diana.

LA ZARZAMORA dijo...

Esa videncia era algo irreversible.
Nunca creí en los videntes, pero sí en el poder de algunos sueños.

Besos, Escarcha.

Carlobito dijo...

Uy qué situación más angustiante, no me gustaría vivir algo así.

Mi mujer insiste en que tiene ese don, que tiene sueños premonitorios... y yo prefiero respetar las cosas q no entiendo.

Abrazos.

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