Monstruos que retozan en este sitio:

domingo, 27 de noviembre de 2011

La puerta

Cruzó el umbral. La habitación estaba oscura, con unas velas dispuestas en lugares estratégicos de la mesa, el tablero de ouija en el centro y ellas sobre él, como aves de rapiña.
-Juan, ¿sos vos?- preguntó la rubita llorona, mirando hacia todos lados. El corazón le latía tan fuerte que tenía que hacer un esfuerzo desmesurado para no pararlo con un soplido.
-Es Juan, estoy segura de que es Juan- le responde una morochita, abrazándola con un brazo y sin dejar de soltar la guía del juego.
Un muchachito triste se asomó por la puerta, había escuchado el llamado tal como él lo hiciera, pero no quería intromisiones, se puso en el umbral y lo miró fijamente, era un alma joven, un alma tierna, estrenaba incertidumbre, estaba perdido. Sacó la lengua y se la pasó por toda la cara, le mostró los colmillos y penetrando un dedo en la punta, dejando desprendida la uña,  le demostró que estaban en su filo justo.
El muchachito que había escuchado el llamado miró a las chicas lloronas, dudó, intentó entrar, no pudo y se marchó.
Él cerró la puerta para que nadie más lo interrumpiera y decidió seguir el juego y divertirse.
-Juan, quiero saber si estás bien- preguntó la llorona- Amor de mi vida, ¿donde estás?
Se acercó a ella y poniendo la garra en uno de sus pechos y la otra sobre la ouija le contestó.
-Aquí estoy.
Algarabía.
La llorona lloró más.
Se sentó sobre el respaldo de la silla de la llorona y comenzó a tocarla, introduciendo la mano por la entrepierna, lamiendo los pezones, jugando con el lóbulo de la oreja, penetrando sus deseos con saña.
La muchacha comprendió todo. Se dejó hacer entre suspiros quedos, con los vellos erizados por la pasión de su Juan. Después de todo, era eso lo que quería... despedirse. Un último beso, una última caricia. Recordarlo por una eternidad y saber que allá, él también la deseaba.
Las otras chicas notaron el cambio y la miraban, dos habían soltado el tablero y sentían el frío en la habitación.
La llorona llegó al orgasmo entre risitas.
Una le tocó el hombro y rompió el encanto. Despertó.
-Él está aquí- les aclaró cuando las vio confundidas.
Las velas se apagaron y chillaron desesperadas en la oscuridad.
El sonido de la madera rota las sobresaltó aun más, una de las gritonas logró llegar al interruptor y prender la luz. El tablero ouija estaba quebrado en dos.
-Algo entró- sentenció la que entendía -y decidió quedarse.
Mayor alarma. Grititos histéricos. 
-Era Juan- aclaró la llorona que ahora sonreía satisfecha- era Juan, no tengan miedo, era mi Juan.
Ninguna estuvo conforme con la afirmación. El frío seguía siendo palpable.
Antes de salir se miraron, intimándose con la mirada, nunca olvidarían el día en la que una de ellas había sido ultrajada, las dos que soltaron la ouija lo habían visto y ninguna quiso hablar y confirmar lo que las otras sospechaban: Juan no había estado esa noche entre ellas.
La llorona llevaba un parásito en la espalda pero sólo lo sentía, cuando aburrido, jugaba con su sexo.

14 comentarios:

Renate Mörder dijo...

Buenisimo el relato, sórdido, escalofriante y genial.
Felicitaciones y besos!

Little Moon . dijo...

Hola escarcha , es realmente bueno , y lo peor es que la llorona , no lo sabía un beso de Lm felicitaciones guapa.

Bee Borjas dijo...

Guauuuuu!!! Llegó la historia de Juan y arrasó cn todo. Ay, nena... Cuando te ronda algo en la cabeza, yo espero historias como esta!!!
Congelaste con ese frio espectral este tórrido mediodía porteño.
Y como me impresionó al muchachito intentando entrar...
Sos una reina, Diana!!! Te deseo un fin de semana lindo y reparador!
Besos brujos, amigaza!

Shorby dijo...

Muy curioso el final del relato!!
Vaya con la llorona jejeje

Besotes

La Zarzamora dijo...

Un relato eróticamente escalofriante :)
me gustó mucho, Escarcha.
Tienes una imaginación desbordante, y que no cese.
Besotes, guapa.

peregrino dijo...

Sensiblemente erótico y con un remate "escarchador"...Muy buena creación, me gustó mucho.

MIMOSA dijo...

¿No me digas que el muchachito era el verdadero Juan??
¡Ay madre! ¡Qué escalofrío me ha recorrido todo el cuerpo!!!
De jovencita, las amigas más de una vez me invitaron a jugar a este juego de la ouija, y yo como buena cagona que soy, siempre me negué,...........hoy después de leer tu cuento,........sigo pensando que hay puertas que son mejores no abrir........
¡¡¡Ay mierda, no se me va este repelús!!!!
Todo bien en la retaguardia!!!

MILES DE BESOS!!!!

escarcha dijo...

gracias a todos por sus comentarios amigos!!!!!
Mimosa, yo también tenía un montón de amigas que jugaban estos tipos de juegos y siempre preferí verlas... desde la vereda del frente, mientras más distancia mejor! jajajaja

la MaLquEridA dijo...

Nooo la ouija es cosa del diablo je.}


Muy bueno, te felicito


Un abrazo

Enmascarado dijo...

Querida Escarcha, creaste una historia bastante intrigante.
Erotísmo, posesión, orgasmo, miedo y revelación.
Me gustan tus relatos.
Abrazos otoñales

chalyvera@gmail.com dijo...

¡Lindo! ¡Lindo! ¡Lindo!

gracias


Besos

Gala dijo...

Una mezcla de erotismo y terror fascinante...
Eres mágica lo sabes verdad? con el arte del miedo no tienes rival...
Personalmente me encantan todos estos temas...y la ouija .. uff.. me da mucho respeto, creo que por eso me ha gustado tanto tu texto.

Besitos mediterráneos.

PD:perdona por tardar en llegar.. voy pelín saturada...
pero.. sabes que aqui estaré siempre que pueda.

un abrazo grandote.

Musaraña dijo...

Guay........

No me lo esperaba asi, como siempre te escapas del previsible final. Creo que este es uno de tantos relatos que me han encantado..

Un saludo

Carlobito dijo...

Perfecto para recomenzar mi lectura, espero que estés muy bien querida amiga.

Te mando muchos abrazos.

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