Monstruos que retozan en este sitio:

martes, 26 de julio de 2011

El vigilante


Los pocos amigos que tenía le aconsejaron que no tomara el trabajo de sereno en la torre que se estaba construyendo al sur de la ciudad. Los que aceptaban, eran algunos desprevenidos que no duraban más de 4 horas en sus puestos de trabajo y estos desaparecían o se presentaban en la madrugada para renunciar. Pero él era distinto, a él no le asustaban los cuentos de fantasmas, ni almas en pena y mucho menos apariciones blanquecinas, humanoides, quejosas, lloronas, abúlicas, chatos esfuerzos de niños desocupados que no tenían mejor travesura que asustar a los pobres crédulos que huían ante el menor sonido falto de explicación.
Él era distinto... ¡y vaya que lo era!
Se presentó a las 22 horas luciendo su flamante traje de sereno, cuidador, vigilante. Todo a la vez. La paga era buena. La historia de apariciones se había esparcido en varias direcciones y no abundaban los valientes. ¡Mejor para él!
Lo primero que hizo fue indagar en las instalaciones. La torre sería de gran porte, con habitaciones espaciosas y amplios corredores bien iluminados. ¡Si, una vez terminada sería hermosa!
Los primeros sonidos surgieron de arriba, estaba por sentarse cuando los escuchó y una sonrisa cómplice le cruzó el rostro.
Subió las escaleras que aun carecían de pasamanos, apoyándose en la pared. Alumbrando los escalones del ultimo piso con su pequeña linterna. La electricidad en esa zona aun no había sido instalada. Pero a él le gustaba la oscuridad. Él era distinto a los demás.
El sonido era perfectamente audible, es más, daba la sensación que el que lo estaba ocasionando no se ocupaba por disimular su estadía. Sonaba a una tapa de cemento que se corría.
-Una tapa- pensaba mientras trataba de cerciorarse sobre la dirección a seguir.
El objeto que se corría cayó provocando eco.
-Los tanques de agua- se dijo mirando el techo. Con paso tranquilo y sin dudar se dirigió a la escalera que lo llevaba a los tanques y esperó abajo, iluminando los peldaños, esperando sin impaciencia a que bajara quien intentaba asustarlo.
Quien producía los sonidos no se hizo esperar.
Bajó con los brazos primero, moviendo la cabeza grisácea de una lado al otro, rotando los ojos amarillentos en las órbitas que le cubrían el 80% del rostro, arrastrando por ratos la lengua que sobresalía angosta y babeante unos 60 cm fuera de la boca.
El vigilante no había dejado de alumbrarlo en su descenso, pero esto no hizo mella en el ente, que se dirigía hacia él seguro y siseante, pesado y hambriento.

A las 8 de la mañana terminaba su turno.
Cuando se presentaron los obreros el vigilante pidió hablar con el capataz y le aconsejó que no tomaran del agua que se acumulaba en los tanques por que tenía un sabor extraño. Que esa noche con más tiempo, él los limpiaría.
Entregó las llaves y se fue tranquilo.
El capataz no logró prestarle atención, el detalle en la vestimenta del sereno le causaba gracia y lo desconcentraba. No entendía como la noche anterior el traje de vigilante le había quedaba perfecto y ahora los botones estaban reventados dejando entrever un abultado vientre fláccido y abarrotado de carne fresca.

Al vigilante, los espantos o monstruos no le asustaban... lo saciaban.

15 comentarios:

Patricia Nasello dijo...

Siempre lo he pensado así, querida Escarcha: el ser humano es el mas peligroso de los monstruos.

Cuando veo el anuncio de que has publicado algo me alegro, sé que leeré una excelente historia.

Besos a puñados

MORGANA dijo...

ESCARCHA ,estoy leyéndolo de madrugada y me encantó ,aunque oigo ruidos a mi espalda.A veces,los humanos,son peores que los monstruos.
Miro hacia atrás y no veo nada,tan solo las sombras de siempre ,que me empujan porque quieren leer tu magnífico relato.
Besos en las sombras.
Mor.

Bee Borjas dijo...

Se lo engulló!!! Madre mía, no me esperaba ese final!!! Cómo me gustan estas historias!!! Cuando empezaste con el tema de la torre en construcción, ya me agarró el "kuiqui" en la panza... Ayyy mujer, me llevás de viaje a una dimensión fenomenal!
Genial, morocha linda!
Besos brujos!

escarcha dijo...

Muchas gracias por leer y comentar amigas!!!!

la MaLquEridA dijo...

¿Comer fantasmas? Nunca se me habría ocurrido, espeluznante.


Un abrazo.

Julie dijo...

Los vigilantes nunca tienen miedo, porque ellos guardan a los fantasmas... Muy buen relato, amiga. Me ha encantado.

MIMOSA dijo...

Ufff!!! No he empezado a leer y ya tengo miedo!!! ¿No habíamos quedado en no poner a estos tipos tan feos? Je,je,je.¡Qué te riño!
¡¡¡NO!!! No me lo creo, lo he tenido que leer de nuevo, ¿se lo tragó entero?
Quizás debiste poner la foto del sereno, para pillarle el rostro.
¡¡¡Y luego me pregunto porqué me estoy haciendo adicta a esto de los blogs!!!!
Una vez más, me quito el sombrero.
Besos!!!!

escarcha dijo...

Malquerida, lo que en realidad se comió tenía más consistencia! je

Julie, tienes razon, ellos guardan a los fantasmas!!!

Mimosa, yo quería poner una imagen de algún vigilante, pero todos los que veía estaban muy buenos... si ponía alguno de esos me lo comía yo a él!! jajajaja besos

Shorby dijo...

Jajajajaja me ha encantado!!!
Sobretodo la parte en que se va el vigilante, cómo lo describes, con la barriga saciada =)

Besotess

escarcha dijo...

;-)
gracias Shorby!
yo también me reía mientras lo imaginaba y lo describía!

Miss Bittersweet dijo...

Ya sólo con la imagen no me atrevía ni a leer... Peculiar gusto el de tu amigo, escarcha!Me pregunto a qué sabrá la carne de monstruo jaja Un besote!

chalyvera@gmail.com dijo...

No solo valiente, sino buen diente.

Besos

La Zarzamora dijo...

El peor enemigo del hombre son sus propios monstruos.
Ojalá pudiésemos devorarlos siempre en lugar de temerlos.
Un bello relato Escarcha, como ya nos tienes acostumbrados, con esa mezcla de relato psicológico y de terror.
Me encantan.

Besos, preciosa.

Carlobito dijo...

No pude adivinar el desenlace, otra vez me sorprendiste... estuvo genial.

Yo siempre me he sentido diferente, no me como monstruos, pero si he tratado de provocarlos, recuerdo que salia solo a mi patio a media noche y me quedaba en la oscuridad tratando de ver o escuchar algo, rogaba por que algo sucediera pero nunca pasó nada... siempre me he sentido valiente, pero no he podido comprobar mi valentía realmente... no se como reaccionaría si por fin se presentará algo inexplicable frente a mi... quizás mi valentía se esfumaría, quizás enloquecería... tal vez nunca lo sepa.

Saludos-aullidos

escarcha dijo...

Miss, me dejaste pensando!!! a que sabrá la carne de monstruo??? se me hace agua la boca, debe saber como a pollo!!!
;-)
un abrazo amiga

Chaly, ese es el punto, buen diente.

Zarzamora, tenemos que devorarlos, salarlos y comerlos de una.
un abrazo.

Carlobito, nos parecemos mucho, no creo en cosas sobrenaturales, no te imaginas por los lugares que he andado con la esperanza de encontrar algo que me diera temor.

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