Monstruos que retozan en este sitio:

sábado, 29 de enero de 2011

Gárgolas (II)


Cuando llegó a la habitación del tercer piso todavía temblaba.
Haciendo a un lado una silla polvorienta se sentó en ella y meditó un momento.
Pensó en su vida, en su vida entera, en sus amores, en sus desencantos, en los hombres que la habían dejado, en su soledad, en su inmensa soledad. Le corrían lágrimas por el rostro que no se molestaba en secar. Había algo en ese edificio, en esa habitación, que lograba sacar lo peor de uno: las tristezas más hondas, ya no recordaba el pánico que sintiera unos instantes previos.
Se paseó cabizbaja, con las manos en la espalda, llorando en silencio, hasta que comenzó a abrirse, lentamente, la puerta de madera que estaba al lado del archivero.
A Catalina le temblaba el pecho en un espasmo de terror. La puerta se abrió por completo y la mujer cerrando los ojos y tapándose la boca que se transfiguraba en un rictus de dolor... entró.
Media hora después, cuando las dos compañeras estaban al borde de la histeria, Catalina bajó serena con la pila de archivos que faltaban.
Las tranquilizó y les aclaró que se tomó su tiempo para revisar todo el área vieja del edificio que estaba detrás de la puerta de madera, junto al archivero, y que en realidad no había nada en que temer.
En la habitación cerrada sólo había encontrado unas sillas desvencijadas, unos cuantos escritorios antiguos y dos gárgolas de mediana estatura, hechas en piedra. Pesados monumentos que en otros tiempo decoraran la parte alta del edificio.
Y simplificandolo todo con un leve movimiento de hombros, se dirigió a la oficina de su superior para entregar los archivos.
Entró, dando un pequeño toque a la puerta un segundo antes.
Lo encontró al teléfono. Esperó a que terminara de hablar y le acercó las carpetas.
-No se imagina el polvo que encontré, tuve que limpiarlas primero antes de traerlas. Me debe un café por el trabajo extra- le sonrió y antes de salir lo miró profundamente a los ojos.
El mensaje de texto en el celular que le diera la empresa no se hizo esperar "esta noche podríamos tomar ese café". A Catalina se le dibujó una sonrisa extraña en los labios, la soledad del alma se desteñía, sentía como se hacía agua y resbalaba hasta lo más profundo del abismo. Ya intuía la proximidad del otro, ya la podía oler, se le erizaba la piel de sólo pensar en el contacto con la otra persona. "Nos vemos esta noche" le contestó y continuó con su trabajo un tanto enajenada por la felicidad.
continuará

10 comentarios:

MORGANA dijo...

ESCARCHA,ESTO SE PONE DE LO MÁS INTERESANTE...NO TARDES MUCHO EN PUBLICAR LA PROXIMA.
BESAZOS.

Patricia dijo...

Le estás añadiendo un giro romántico al asunto muchacha Esto se pone cada vez más bueno!

MIMOSA dijo...

?????????? Pero oye??? ¿Qué café ni que na'? Sigueeeeeeeeeeeee, ¿quién era la de los ojos cerrados y la boca tapada?
Sigo sin darte mimos.Tu misma.

Andrés Z. dijo...

Está buenisimo, me ha encantado!!!
un gran abrazo!!!

Andrés Z.

Bee Borjas dijo...

Diana, me querès matarrrr????? Ahora estoy ahogando la angustia, entrándole al clásico de chocolate amargo y limón... No sè, pero me da que la chica esta, regresó medio poseída. Buenísimo! Esa mente encantadoramente retorcida que tenès! JAJAJA!!! Beso reina!

escarcha dijo...

gracias por pasar y comentar amigos!!!

Shorby dijo...

oooooooooh...un giro muy interesante =D
a ver cómo sigue!!!
grrrrr xD

MORGANA dijo...

Escarcha,no me sale tu nueva entrada :(

escarcha dijo...

gracias por seguirme Shorby

MORGANA la publiqué por equivocación, pero estaba sin corregir, pronto la publico!

Ana Galindo dijo...

Ufff! me pierdo unos días, y me encuentro con auténtico aluvión de post que me retienen ante el placer de leerte.

Voy a por el siguiente.

Muchos besos

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