Monstruos que retozan en este sitio:

domingo, 27 de junio de 2010

RESPETARAS MIS CICATRICES (3º parte)

Nadie preguntó por el desaparecido. Nadie lo extrañó. Una mano menos para pedir, un poco más para cada uno.
La Yeya empezó a cruzarse seguido con la Negra Marta e intentaba acercarse, aun a pesar del terror que ésta le producía. Pero el vientre que se hinchaba y guardaba a ese diminuto ser la atraía.
Al suyo lo había perdido unos años atrás cuando era un angelito de días. Cuando aun los ojitos no lograban enfocar su rostro. Cuando sus manitas no sabían aferrarse a sus dedos. Cuando sus bracitos no supieron de ofrendas de amor en duros abrazos.
La Yeya quería a ese niño, quería llevárselo y criarlo como suyo.
Durante las noches, acostada en el banco de la plaza, lo soñaba y se despertaba llorosa ante la certidumbre de que pronto dejaría de estar sola.
No imaginaba un "no" por parte de la Negra Marta. Y cuando el séptimo mes se acercaba tomó coraje. Esperó a que saliera de la oscuridad en la que estaba con otro de los sucios hombres con los que intercambiaba sexo por comida.
-Quiero al crío- le dijo sin vueltas.
La Negra Marta la miró mientras comía pan y siguió caminando.
La Yeya se quedó perpleja e imaginó que no la había escuchado.
-Quiero al crío que vas a parir- le repitió, acompañando su paso.
-Este es mi cuerpo y las basuras que llevo dentro son mis errores. Por lo tanto soy dueña de hacer con eso lo que se me antoje. No me molestes más- dio unos cuantos pasos y volteando concluyó- Soy una mujer que vivió la vida de mil mujeres. He conocido toda clase de sufrimientos, enfermedades, privaciones, vejaciones. Nací y crecí bien, estudié en los mejores colegios. Todo lo tuve. Un revés del destino me trajo hasta aquí. Aprendí que en la vida se hace lo que se quiere y si quiero a la basura muerta... la basura morirá... no te acerques y respetá mis cicatrices.

Se fue masticando su pan, caminando lento, acomodándose de tanto en tanto la pollera sucia, maloliente y casi a punto de caer deshilachada.
Los 4 niños translúcidos pasaron mirándola.
La Yeya sabía que los críos nunca abandonarían a la madre y que aunque esta les había negado la posibilidad de la vida... ellos la amaban.
Se sentó en el piso, aun confundida, y abrazando su vientre estéril y seco... lloró.


continuará

6 comentarios:

Córdoba dijo...

Extraordinario, Escarcha. De lo que he leído, es lo mejor que has escrito. Se me han humedecido los ojos. Esos dos personajes tienen una potencia que grita. Me encantaría saber más sobre ellas dos. Me gustaría que la historia continuara. Gracias.

Musaraña dijo...

Nooooooooooo, no puedo esperar!!!! Como tardes mucho en colgar lo siguiente me apareceré en tus pesadillas!!!

¿por qué la maternidad tiene un punto tan siniestro? Me recuerda a la peli de la Semilla del Diablo...

GUAY!!!!!!

Carlos dijo...

GENIAL!! COMO SIEMPRE..!!

UN FUERTE ABRAZO!!

madroca dijo...

Ese tercer protagonista sin aún haber nacido tiene el poder de acaparar el interes como personaje real de la historia, me estás maravillando con esta sucesión de capítulos, espero con ansia el siguiente.
Genial Escarcha

Malena dijo...

Vida, coraje.. Sublimación!!!!

Q orgullosa estoy de haberte conocido, y cuánto te admiro, D!

Te re_quiero!

Male.

Marie dijo...

Ahhhh pero que triste!!! una que quiere un hijo desesperadamente y otra que lo quiere tambien...pero muerto!!Ahhhh y lo del tipo que desaparecio...es asi siempre no? cuando alguien pobre que vive en la calle o simplemente no figura en las revistas sociales, desaparece a nadie le importa, no sale en TV, ni nadie habla de el, pero si es alguien "importante", hijo de un politico, artista, deportista, en fin alguien con "nombre" ahi si todo el mundo habla y la policia busca como nunca a los culpables. Triste realidad.

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