Monstruos que retozan en este sitio:

viernes, 23 de mayo de 2014

La última fiesta


La morbosa obsesión por los monstruos me había caracterizado siempre. No podría hablar de un punto de inicio, lo mío fue más bien innato y vitalicio. Lo llevaba en el ADN, tal vez era una obsesión atávica. Si conociera a mis ascendientes buscaría en sus vidas para encontrar la procedencia de la semilla.
Era necesaria tal explicación para que se comprendiera porque luego de existir entre deformes, asesinos, degenerados y parias hubiese llegado a esta instancia de vacío emocional.
Ya nada puede helarme la sangre.
Me encuentro inerte.
He intentado regresar a mis raíces y re-descubrir esa sensación de vida que supe tener. Comencé enterrando aves en el jardín de mi casa, seguí por los gatos en los roperos y vírgenes bajo mi cama. Salí a  las andadas con antiguos amigos que se sumergían en las cloacas sólo para evitar sentirse contaminados con el olor a humano promedio y nada resultó.
Luego de cuatro décadas de horrores me encontré tan muerta como las cucarachas reventadas que decoran mi almuerzo. Será por eso que la sangre en mis nudillos me resultó tan erotizante, la abulia había llegado a niveles asombrosos  no había otra emoción en puerta que me hiciera sentir tan viva como el deseo de pronto estar muerta.
Siento que estoy cerrando un círculo de manera exitosa.
Mi propia sangre en el piso me sirve para escribir y aunque el texto no resulte horroroso seguramente el panorama que dejaré será devastador.
Me siento a ingerirme mientras dejo que mis libros de terror, abiertos en sus capítulos más espeluznantes, absorban mis fluidos en una sopa hemática que sacia con sólo presenciarla.
Voy a extinguir esta presencia física que reptó por cementerios en busca de una belleza que pocos saben apreciar y formaré parte de las hojas en una orgía casi poética.
Mis demonios deformes y los fantasmas de mis muertos escondidos en los rincones de mi casa se acercan para observar el deceso.
Son tan hermosos y se ven tan felices. Veo correr el vino y sé que festejan en mi honor.
Mientras me apago quiero que una virgen me vierta alcohol directamente en la garganta y que un eunuco se recueste en mi pecho y llore con los últimos latidos.
El éxtasis de mi propia sangre me sorprende ¿Cómo pude vivir tanto sin haberla probado antes?

7 comentarios:

José Osvaldo Ferrari dijo...

Bueno Diana, los delirios tienen límites... me gustaría saber donde existen ese tipo de especies que tu personaje escondía debajo de la cama... ¡Se te fue la mano!!!! (Perdón el corte...) Mas allá de mi delirio: excelente Diana, como siempre. Un abrazo

chalyvera@gmail.com dijo...

Todos tenemos un monstruo solo los sabios saben aprovecharlos.

Besos

Julie Sopetrán dijo...

¡Qué fuerte! Interesante.

Flor. dijo...

Hola Escarcha , la verdad es que parece que estes describiendo el fin del mundo , dios mio medio miedo hasta leerte , jajajajaja ahora bromas aparte , la verdad es que todos de alguna forma tenemos ese demonio , que rara vez sacamos a la luz , yo alguna vez tendre que sacarlo , en fin mi niña que me gusto tu relato , parece que nos hemos puesto deacuerdo a la hora de colgar un relato de terror , yo acabo de colgar el mio lleva por nombre " El collar " espero que te guste , te deseo una feliz tarde , guapa besos de flor .

Marina Ferrari dijo...

Terriblemente devastador! Impresionante en todos los sentidos.

LA ZARZAMORA dijo...

Eres genial!!!
No hubieses podido describir meor mi estado actual.
estos cuentos tuyos terroríficos no sabes cuanto albergan de psicología.
Un besazo, Escarcha.

LA ZARZAMORA dijo...

mejor... quise escribir.

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