Monstruos que retozan en este sitio:

lunes, 22 de octubre de 2012

CÁNDIDA


¿De donde se saca una historia cuando ya no hay? No es que me sienta obligada a escribir (¿o tal vez si?) es el miedo patológico a no poder hacerlo nunca más.
-No tengo nada para decir -me viene a la mente, y siento que comienza a faltarme el aire. Tal vez ya lo dije todo, en una de esas la imaginación se seca, se agota, se pudre… tal vez tengo un cementerio entre los sesos y yo ando de fiesta en lugar de vestir de luto.
Ayer comenzó la preocupación: me senté en la computadora, puse música, me levanté, cambié de lugar, abrí las ventanas, apagué las luces… me dio urticaria.
Me estaba rascando la espalda contra la pared cuando me vino a la mente su nombre, su bendito nombre: Cándida.
Ella podría ser mi salvación, era cuestión de tomarla, hacerla llorar, ponerla en situación de riesgo, que gritara implorando por su vida, que corriera y se rasgara la ropa quedando la piel como muda alternativa. Podría hacerla parir en contra de su voluntad, que pidiera a gritos por un aborto, por un permiso para controlar su vida. Podría… podría tantas cosas con mi amada Cándida.
Me senté en el piso un tanto emocionada y la mano derecha se negó a trabajar, estaba muerta, laxa sobre el piso. Con la izquierda la levanté y le di unos masajes tratando de mantener la calma. Unos segundos después sentía un leve cosquilleo en la punta de los dedos, la sangre comenzaba a circular por mi extremidad entumecida y azulada.
En cuanto se hinchó y el cosquilleo pasó a ser punzadas sumamente dolorosas, me preocupé. Le pedí a un vecino que cerrara con llave la puerta de mi casa ya que mi brazo era para ese momento una masa amorfa violácea, se lo pedí gritando empapada la cara de lágrimas y mocos. El chico se aproximó alarmado, cerró con llave y la puso dentro de mi cartera, no se ofreció a llevarme ni me dio consuelo alguno, sólo me miró con un dejo de tristeza que ahora que lo pienso bien podría ser incertidumbre.
Hice parar un taxi y le ordené que me llevara al hospital lo antes posible tratando de que no viera esa parte de mi cuerpo que ya distaba mucho de ser un brazo.
Intentaba no quejarme pero el dolor era tan agudo que lo único que me sostenía consciente era el terror de que el brazo cayera, seccionado y el hombre lo tirara a la basura confundiéndolo con 3 kilos de carne en mal estado. No podría describirles el trayecto porque lo tengo casi perdido en la mente… fueron los 15 o 20 minutos más dolorosos y horrendos de mi vida. ¿Era sólo mi brazo? De reojo intentaba ver si había cruzado la línea del hombro ¿me estaba muriendo con una septicemia? ¿Que le pasaba a mi cuerpo? ¿Me moría?
Creo recordar que bajé desorientada, no se si le pagué al pobre taxista, entre gritando al hospital y cuando un médico se acercó corriendo extendí mi brazo para que lo viera y sacara una sierra en el instante y lo cortara para salvar mi vida. El grito que estaba dando lo corté en seco cuando vi mi propia extremidad: normal, sana, rosada. El dolor cedió instantáneamente. El hombre se paró frente a mí y tomándome de los hombros me hizo una serie de preguntas que no escuché.
Una mujer sonreía, entró a mi campo visual casi por casualidad, la miré un instante. Era joven, vieja, sufrida, victoriosa, el rostro cambiaba de fisonomía mientras me cruzaba y supe quien era.
-Podrías haberme dicho que no querías que escribiera sobre ti –le grité furiosa y toda la carga emocional que había vivido cayó sobre mí como 100 kilos de entrañas podridas. Perdí la conciencia.
Estoy en casa nuevamente tras una internación de un par de días, con unos cuantos ansiolíticos y otras medicinas para la depresión. Nadie entiende que la mala jugada no me la dio mi mente, sino Cándida, que se negó a ser protagonista he hizo escuchar su queja.

12 comentarios:

MORGANA dijo...

Recordaré ese nombre para no asignárselo a ninguna de mis féminas protagonistas..glups.
Diana que bueno es!!
Me puso el vello de punta.
Besitos.

chalyvera@gmail.com dijo...

Candidamente un candido relato.
Besos

Bee Borjas dijo...

Cándida ya se transformó en un personaje de culto.
Creaste a una mujer tan particular, que se adapta a todo. Con ella podés jugar o... No, definitivamante no podés jugar.
Ya vés como se pone! ;)
Excelente, Diana!!!
Ya sabés que Cándida es mi debilidad.
Besos embrujados, amigaza!

Little Moon. dijo...

Hola Escarcha , espero que estes mucho mejor ahora , un relato real muy bueno , pero algunas veces es mejor inventar a personajes que no sean tan violentos , recordare no hacer ninguno con este nombre , ah y gracias por pasar por mi blog , besos de Lm.

PD; Espero que te gustase mucho el relato de "Logan" en el hotel .

Torcuato dijo...

Es que quiere ser personaje, no esclava.
Besos, Diana.

Shorby dijo...

Me encanta Cándida! =)

Besotes

peregrino dijo...

Candida debería comenzar a preocuparse cuando tu imaginación no la convoque porque en tus letras se magnifica y realza!!! Muy buena creación SombrasEscarchadas... Abrazo socia!!!

Pedro dijo...

Hasta que me senté a escribir en serio, nunca creí en -lo que para mí era la leyenda de- la rebeldía de los personajes.

Con esta pieza ilustras la realidad, Escarcha.

Un abrazo,

Gala dijo...

Cándida es garantia de calidad.
No importa si uno no sabe que escribir, siempre puedes tomarla de la mano que no defraudará.
Y a nosotros nos regalas historias fantásticas.
Ninguna mala jugada puede existir entre esas letras.

Besos mediterráneos.

Enmascarado dijo...

Creo que al final Cándida te dió la historia, pero con una total inversión en el protagonismo. Más vale no verse nunca así de dominado por los personajes, que uno esta para moverlos a ellos pero no a que sean ellos quienes mueven nuestros hilos.
Buena historia escarcha, repartiste angustia por doquier.

Un beso.

Dafne dijo...

De casualidad me he encontrado con tu blog y me gusta mucho lo que estoy viendo así que te sigo. Espero que a tí también te parezca interesante el mío aunque esté empezando: http://lavariableindependiente.blogspot.com.es/

Carlobito dijo...

El encuentro de la creadora con uno de sus engendros rebeldes :), jamás te faltarán historias, estoy seguro y feliz por ello.

Abrazos.

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