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lunes, 2 de abril de 2012

La vieja Cándida va por más (1° parte)

Cuando no andaba de compras, estaba sentada en su mecedora, en el patiecito que tenía a la entrada de la casa bonita en la que habitaba. Nadie entendía en que momento cocinaba, limpiaba o lavaba la ropa. Lo cierto es que ella siempre estaba impecable, perfectamente vestida, odiosamente pintarrajeada, con tacos anchos y demasiados altos para su edad. Sonriendo. Con esa sonrisa extraña que no dejaba ver los dientes, pero que le ensanchaba la cara y le cubría aun más de arrugas el rostro.
Entraba cerca de las 12 y media y los que la observaban curiosos, comprendían que era para almorzar, porque aparecía nuevamente a los 15 minutos. Luego se levantaba a las 9 de la noche e ingresaba para dormir.
Durante la mañana salía de compras, con su caminar lento, parecía orgullosa de toda ella, desde sus pies con uñas color turquesa hasta la joroba que le deformaba la espalda.
¡¿Como no sentirse atraído por la rutina de este personaje?! Cándida tendría unos 80 años y le hacía ojitos al verdulero. Compraba bolsas llenas de lechuga, tomates, cebollas, pimientos, papas, zapallos, ¡sin mencionar la fruta! Ella no podía cargar aquello entonces le pagaba al pobre verdulero que la seguía de cerca, escuchándola hablar con esa vocecita peligrosamente aguda.
Lo hacía entrar y las pestañas postizas, demasiado duras, largas y asquerosamente grasosas de tanta pintura, subían y bajaban a un ritmo violento. Cuando le daba la propina se aseguraba de tocarle bien las manos, sin disimulo, dejándole rastros de olor a cebolla y ajo. Le sonreía sin mostrar los dientes. Cerraba la puerta con llave ni bien entraban para que el muchacho se fuera cuando ella lo decidiera. Se sacaba el abrigo, corriendo siempre un poco el vestido, dejando ver el hombro y mirándolo con genuino interés. El muchachito tragaba saliva, asqueado, frotándose nervioso las manos en los pantalones. Esperando su propina que siempre era muy generosa, suplicándole cada vez a un santo distinto que ella abriera la puerta sin volver a tocarlo.
Luego de un tiempo prudencial, él le recordaba que debía volver o su jefe lo reprendería, ella simulaba no escucharlo o simplemente le hacía un ademán que significaba que tenía que restarle importancia a los retos del dueño de la verdulería.
Cuando por fin sacaba la llave del escote, en donde se apretujaban un par de enormes y caídas tetas, lo dejaba salir, no sin antes pegarle un golpe en las nalgas. Lo hacía con la mano bien abierta y asegurándose de apretar el  glúteo después del golpe, y allí comenzaba él a reprochar, al santo del día, por no haber atendido sus suplicas.
La verdura duraba dos días, nada más, luego Cándida volvía a amedrentar al chico que rozaba los 18 años, que estaba en su punto justo.
La vieja Cándida lo recordaba de noche y transpiraba.


continuará...



9 comentarios:

Bee Borjas dijo...

Guauuuuuuuuuuuuu!!! Esta versión de Cándida es ALUCINANTE!!!
La tenía en otra onda y como suele pasar en la vida, en realidad poco sabemos de los que creemos conocer...
Y la "enorme" Cándida tiene un bagaje de misteriosos secretos dentro de sí.
Qué se venga la segunda, morocha!!!
Acá estoy esperando y mordiendome las uñas... :)
Besos embrujados!

Shorby dijo...

Se echaban de menos estos relatos tuyos en varias partes eh!! =)
Espero la continuación!

Besotes

peregrino dijo...

Me encanta el personaje que has creado...!!! Muy buenas las descripciones y las situaciones que recreas. Mis felicitaciones...!!!!!

Patricia Nasello dijo...

UUUUUUUUh!!!!!!!
Por qué hay que esperar la próxima entrega? Qué mala sos, Escarcha. (porque estas son cosas de Escarcha, no de Diana)
Te diré que es tan bueno este texto que así como está ya es un cuento perfecto.

Un placer tenerte de regreso

Mis aplausos amiga.

Gala dijo...

Miedo me dan las intenciones de Cándida!
Me ha gustado mucho tu manera de describirla, tan arreglada y siniestra a la vez... y esa situación casi diaria con el pobre muchacho.

No quiero pensar en las intenciones para con él de la señora Cándida...pobre chico, que calvario le toca pasar por una propina.. y lo que es peor, que destino le tendrá guardado la doña.

Me encantó el relato, ya estoy deseando leer más.

besitos mediterráneos.

chalyvera@gmail.com dijo...

Ha gata vieja, ratones tiernos.


Besos

Little Moon. dijo...

Hola Escarcha , un relato de lo más peculiar y misterioso , me agustado mucho , ¿Que intenciones ,llevara la vieja Candida? seguro que no lleva buenas ideas , porcierto perdona mi ignorancia , pero me podrias decir que clase de fruta son los zapallos es que aquí en españa , yo esa palabra no la e oido nunca , y la verdad es que no se si sera alguna fruta , esperemos a ver que pasa besos de Lm.

LA ZARZAMORA dijo...

Unas excelentes descripciones, mi niña.
Tienes el arte del relato en los dedos.
Vi a Cándida, y pude saborear el instante en la frutería.
A ver como acaba esto...
Eres genial!!

Besos.

Carlobito dijo...

Wow, me dejaste un poco asustado, no se porqué me identifiqué con el muchacho jeje... lástima que tengo una pequeña reunión, cuando regrese tengo que leer la continuación.

Qué felicidad poder leerte amiga querida.

Un abrazo.

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