Monstruos que retozan en este sitio:

lunes, 2 de agosto de 2010

LA MUELA

¿Seré capaz de contarlo? ¿Tendré las bolas suficientes?

El dentista me había dejado doliendo la muela.
-¿pa´que mierda me voy si me va a dejar peor?- pensaba mientras me tomaba un ibuprofeno.
Abrí la heladera y había solamente coca cola... era noche de cosas más fuertes.
Agarré la campera, salí del departamento para comprarme un vinito y olvidarme de las caries que me punzaban en la mandíbula.
Dos cajitas de tinto, una abierta en el camino y tomada en el trayecto de aproximadamente tres cuadras. A los quince minutos entre eructo y mareo llegué a la esquina de mi casa, me senté en la vereda y abrí la segunda cajita.
Recuerdo que pensé en el gusto de poder tomar un vino barato, con sabor a óxido, que me tritura el hígado y sin ninguna novia o madre al lado que me esté mirando fiero.
Pero vuelvo al relato...
Terminé de tomar mi segunda cajita de vino, que no era tanto, estaba acostumbrado a más, y me dispuse a seguir mi trayecto. Doblé la esquina y una sombra se dibujaba perfectamente en el borde del edificio... en el que vivía, al que debía llegar.
Debo admitir que pensé en algún borracho baboso, como yo, que me pediría un billete pa´l cigarrito o para otra cerveza. Esperé que fuera eso y no uno que me golpeara para sacarme la billetera con mis 2 pesos con 50 centavos que me sobraban del día.
Caminé tratando de hacerme el pelotudo, silbando un poquito.
Cuando estuve a su altura lo miré de reojo, se adelantó un poco, ahora que lo pienso creo que se adelantó a propósito, se adelantó para que la viera... "la viera".
Porque no era un tipo, era una mujer.
Tenía la piel pálida y vestía de negro. Recordé todas las historias de miedo en donde se mencionan a las mujeres de blanco y traté de buscar cierto alivio en esto, al mirar el atuendo oscuro.
Ella se acercó, se acercó mucho... retrocedí.
La muy guacha me tomó de la entrepierna y me apretó el bulto.
Olía asqueroso, estaba borracho pero no tanto como para no percibir el olor a podrido que le salía de la boca. ¿Por qué tuve miedo? ¿Por qué me paralicé? ¿Qué había en ella o que percibía?
La mina no era normal. No puedo explicarles pero no era algo usual, ordinario, común o humano.
Grité. Me tomó de los hombros, me hizo estrellar contra la pared y me babeo todo el cuello. No soy maricón, intenté salir, intenté sacármela de encima... pero lo único que podía era gritar.
Cuando los perros comenzaron a ladrar se hizo a un lado y aulló.
Recién ahí pude verle la cara, la boca sin dientes, la lengua larga que sacaba mientras aullaba y los ojos rojos... los ojos rojos.
Cuando los perros gruñeron y se acercaron para atacarla ella se tiró sobre mi y me tapó practicamente toda la cara con la boca inmunda.
Pensé que me tragaría. Que era mi último suspiro y que encontrarían mis huesos al amanecer, después de que la mujer me digiriera.
Uno de los perros que ladraba se acercó furioso y la mordió.
La mujer chilló con fuerza dejándome la cara mojada y la nariz libre para respirar, acto seguido se agazapó a la pared del edificio y trepó por él hasta entrar por una ventana abierta... la mía.
Estoy sentado en la calle del frente desde hace una hora, tengo congelado el cuerpo y el efecto del vino se fue casi por completo.
No me animo a entrar. Sé que ya no podré hacerlo.
Hay una mujer vestida de negro, con ojos rojos y olor a mierda que se trepó por las paredes y vaya uno a saber que cosas estará haciendo en mi habitación. Tal vez durmiendo. Tal vez sentada en mi cama, esperando a que yo entre.

¡Al menos el dolor de muela ya se fue!

5 comentarios:

Musaraña dijo...

Jajaja....Hay humor negro aqui. Recordaré la historia para cuando tenga dolor de muelas.

Me gusta que acabe así, porque es de esas historias que después de leerlas te comes la cabeza pensando que pasaria después...

Genial como siempre. Eres la leche

MALE dijo...

No hay mejor remedio para olvidar el dolor.. Está claro..
La escritura en tus manos es pura magia, D.. No dejes nunca de hacernos sentir verdaderos espectadores ávidos de más..

Afectos y cariños,

Male.

Córdoba dijo...

Qué bueno, Escarcha. La última frase es genial. Me ha hecho reír.

Tallahassee dijo...

xD

A mí también se me hubiera pasado el dolor de muelas, y las ganas de vino, ya que estamos.

Bueno, igual el vino lo seguiría queriendo xDD

Marie dijo...

Lo que logra un buen susto no? jajaja

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