Monstruos que retozan en este sitio:

jueves, 13 de mayo de 2010

Mi amiga Yuly


Yuly concibió la celda y conjugó condena con sabor.
Le imploré que no cayera en las garras perniciosas del demonio.
La insté a acompañarme a misa, me fui hasta su casa y llegué a exigirle que rezara conmigo el rosario.
Pero no hubo caso.
Yuly estaba como poseída y tuve que aceptar que su posesión no fue un hecho abrupto y aislado en su vida, sino un proceso gradual; que como su amiga, acompañé.
Tendría que haberme dado cuenta cuando en nuestra adolescencia yo rescataba animalitos de la calle... y ella los fritaba.
Tendría que haberme dado cuenta cuando a los dieciséis me puse de novia y a los pocos meses ella me explicó que él se había tenido que ir, dejando sin querer, medio litro de sangre en una botella de plástico retornable.
Pero me autoconvencí de que eran sólo travesuras de una adolescente aburrida.
Para esos tiempos ya le imploraba:
-Yuli, quedate quieta, vení, sentate conmigo a contemplar el amanecer.
y ella contestaba, sentada en la silla de ruedas hurtada y avanzando a gran velocidad:
-Ya voy Escarchita! una vueltita más
Como amiga, la acompañé siempre, ¡rezando por la salvación de su alma!
Estuve a su lado cuando un ardiente enamorado quiso jugar a darle caricias e insistió cuando ella le respondió con calma que "no".
El pobre insistió una vez, la segunda tuvo que huir con un tajo en el cuello.
¡Yuly sabía usar muy bien el escarpelo y causar daño!
Jugaba a ser tierna, te enamoraba con su dulce manera de hablar y ante el menor descuido te dejaba sangrando.
Tenía cierto fetiche por ello.
Siempre andaba con servilletas de papel tisú prolijamente dobladas y con manchas rojas casi negruzcas. Encontrabas un par en cada bolsillo. Nunca pregunte de donde sacaba esa sangre, ni siquiera el porque de aquella atracción. A veces me pregunto si no podía, mi amiga, haber tenido un fetiche más normal... a los zapatos, o al menos a un buen frasco de loción cítrica.
Pero era mi amiga y la aceptaba como tal.

Tengo tres días ayudándola en su nueva travesía, ¡y es que esta mujer tiene mucha imaginación!
Yo solo me limito a rezar los "padre nuestros" cada vez que la veo sonreír inspirada.
Hay frascos esterilizados, agujas, jeringas, trinchetas, sueros y esa celda a medio construir.
Temo pensar lo que se avecina, pero estaré con ella hasta el final.
Tal vez si rezo con mayor devoción, algún día, pueda calmar sus ansias por ese perverso elixir rojo.
Ya la veo venir y está feliz, me mira y la sonrisa se ensancha...

"¡Padre nuestro que estas en los cielos...!"

5 comentarios:

Musaraña dijo...

Eso si que es amistad!! Te superas con cada relato.

No sé por qué empiezo a intuir que tú y yo podríamos ser grandes amigas....jajajaja.........

Carlos dijo...

UNA VEZ MÁS.. ¡SUPERACIÓN!

UN ABRAZO INMENSO!

CARLOS

(TE DEJÉ COMENTARIO EN EL OTRO POST..)

Raúl Álvarez dijo...

Excelente post.., resultado de la unión de talento y originalidad!

Mis saludos y buen fín de semana!

José W. Legaspi dijo...

Me parece de excelente nivel lo que escribes y el cómo lo escribes...
¡Felicidades! y gracias por tu comentario... se ve que tenés hígado fuerte, jejejeje
¡fuerte abrazo! te sigo, me gusta tu blog

nonis dijo...

excelente!!! espectacular... buenisimo..!! siempre con esas definiciones exquisitas escarcha... unica.. gracias por compartir... nonis ortega

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