Monstruos que retozan en este sitio:

sábado, 13 de marzo de 2010

EL DESEO


Trepó el árbol hasta la punta, y en la última rama, sujeta a ella, se sentó y comenzó a desvestirse.
Cada prenda la arrojaba al cielo y veía como planeaba hasta quedar inerte sobre el suelo, el corpiño sobre un arbusto, la pollera un poco más allá en el pasto, la bombacha casi al lado de su remera.
Una vez desnuda se paró y sintió el viento, el calor de la tarde, el picor del sol sobre la piel morocha, tersa, brillante, sudorosa... bella.
Ahora de puntitas de pies, elevando el rostro, oliendo al mundo.
Percibiendo cada perfume que llegaba a ella.
Intuyendo las caricias que el cielo quería darle.
Clamando tiernos besos sobre las heridas abiertas.
Sonreía porque quería llorar. Elevaba el cuerpo porque en realidad quería caer.
Se cruzó de rama en rama, raspándose los brazos, haciendo sangrar las palmas de las manos y rasgándose las uñas de los pies.
¿Qué buscaba? ¿Qué esperaba encontrar?
Ella lo sabía. Si, lo sabía. Sólo necesitaba el suficiente valor.
Cuando el sol comenzó a retirarse, bajó. Se sentó en la tierra, con las piernas cruzadas y los brazos en alto y comenzó a murmurar palabras inteligibles en una lengua extraña, susurros que luego fueron gritos que ahuyentaban a las aves ocasionales.
La noche cedió y la escondió entre la vegetación.
Ahora se escuchaban sus pies, pisando fuerte, sosteniendo una danza frenética, delirante, embebida en su mente alienada.
A las 12 de la noche se percibieron los pasos y entre los aullidos que daba la garganta casi afónica y los saltos, idas y venidas, corridas y trotes pudo escucharlo, se detuvo en seco. Casi inmóvil, toda ella, todo su cuerpo, hasta la transpiración parecía que no corría, que se había quedado estática en la piel morena.
Por detrás del árbol apareció calmo, los colmillos brillaban a la luz de la luna, partían de la mandíbula de abajo y tocaban los pómulos protuberantes. Los cuernos grises parecían querer anudarse en lo alto. Era singular. Un híbrido de alguna especie extraña con otra aún mas.
Se acercó a ella y se sentó de frente a la mujer que lo imitó agitada.
-¿Qué quieres?
-Quiero olvidarlo. Quiero que él ya no exista en mi.
Levantó la mano y le tocó un pecho.
-¿y a cambio?
-Lo que pidas.
-Quiero que seas mía.
La mujer miró al engendro, el cuerpo desproporcionado y deforme, era como la burla de una realidad distorsionada.
Ya no tenía nada que perder. Era dar algo que ya no tenía sentido, el dolor que le atormentaba el alma le dejaba el cuerpo anestesiado y dormido. Sabía que podría.
Daría todo, absolutamente todo, para no recordar. Para que el recuerdo de su cuerpo no la torturase más en esas noches frías en las que sólo deseaba el suave tacto de su piel en la de ella.
-Acepto. Seré tuya.
Y el híbrido, engendro demoníaco, parodia de gnomo gigantezco se le tiró encima mordiéndole el cuello y destrozando la yugular.
Cada mordida lo llevaba de un orgasmo a otro sin saber cual era más sublime.
Cuando terminó. Se levantó dejando de la mujer, escasos restos.
-El deseo está cumplido.
E introduciendo la mano en el pecho de la fémina agónica, sacó con las garras una estelita luminosa que guardó detrás de los colmillos.
-Y ahora tomo lo mío... de aquí en más, ¡serás mía!
Con el alma confusa de la mujer torturada que devino en tenue luz de estrella, se internó nuevamente en el bosque, dejando vestigios de luces mientras caminaba.

Ya no lo recordaba, ya no existía él en ella. Se había cumplido su deseo... su último deseo.

4 comentarios:

Musaraña dijo...

Fántastico. Como siempre la emoción hasta el último hilo del desenlace.

Aunque me queda la duda de saber si en esa alma confusa, no se encondía algún retazo de recuerdo.

Muy bueno escarcha, siempre vas a más. De verdad que te admiro.

:)

madroca dijo...

Como siempre llevas la tensión hasta la última línea, un relato en el que entreveo ese dolor más insoportable de recordar a ese ser querido o amado que el dolor de desaparecer uno mismo.
Genial Escarcha

Córdoba dijo...

Puedo entender ese dolor. Muy bien expresado el deseo de ser devorada por la bestia que llevamos dentro. Pero como dice Musaraña, ¿realmente no quedaban recuerdos? Mal trato este. Gracias, me has conquistado. Me uno a tus seguidores.

Malena dijo...

Gracias mi niña,
por seguir haciendome sentir viva...

Te Quiere mucho,

Male.

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