Somos víctimas viviendo en una sociedad hombruna, en donde
deambulan machos cabríos que se creen dueños de las incertidumbres, glorias y
flaquezas de una mujer.
Nos enseñan a vivir con ojos hasta en la nuca, cuidándonos
de ellos: de sus miradas, sus gestos, de las mínimas muestras de agresividad
que nos puedan hace sucumbir en una vida de maltratos.
Crecemos con miedo al lobo con piel de cordero. Al hombre
que pueda llegar a enamorarnos con una mirada tierna y que con la complicidad
de un hogar cerrado bajo llave y candado, nos someta a sus puños de hierro.
Somos víctimas desde que nos enseñan a temer hasta que nos
logran hacer entender sobre la fragilidad que nos convierte en tibias flores
silvestres.
No soy la excepción.
Soy una víctima.
Les temo tanto, que evito mirarlos a los ojos.
Cuando alguno se acerca a conversar me tiembla la voz, no
puedo evitar encontrar indicios de su verdadero pelaje bajo el manto acolchado
de su blanca piel.
Y cuando me enamoro es peor, dejo de ser yo, me desbarato.
Aun sabiendo que seguramente algo esconden, que no son sinceros y que pronto
caeré bajo alguna trampa que me hará sucumbir ante peligros monstruosos, me
dejo llevar por ellos, me obsesiono, los persigo, los admiro y trato de
controlarme, me pellizco, me tiro del cabello, me castigo obligándome a
mantenerme parada con la cara a la pared durante horas para que los pies
vuelvan a estar sobre la tierra. Para que no pierda de vista que somos
potenciales víctimas ante lobos con piel de cordero.
Por eso cuando J se acercó y me invitó a tomar un café, para
cerciorarme de estar en mi territorio cuando se produzca el ataque, lo invité a
mi departamento y antes de que pudiera abrir algún cierre de su disfraz para
saltar hambriento, lo degollé y me lo devoré yo.
Somos víctimas. No lo olvidemos nunca, estemos atentas.
Fue por este motivo que cuando N me propuso ser su novia, le
dije que sí para no enojarlo, pero ante el primer descuido lo drogué, y tiré su
cuerpo endurecido y marchito en un camino de tierra, de esos que no conducen a
nada y que sólo sirven para que las mujeres temerosas tiren a sus tiranos
durmientes.
Busco en potenciales amantes siempre alguna mirada o un
indicio de furia contenida.
¡Les temo tanto! Yo tan niña frágil y ellos tan feroces.
Por tal motivo cuando R se acercó con una rosa, le cercené
la mano y se la tiré a los perros. La rosa, por supuesto la guardé en un libro,
porque en el fondo, muy en el fondo, allá donde termina el territorio de la
cordura, soy una romántica empedernida.
Tengo tanto cuidado en la
vida que siento que divago en un derrotero de paranoia. Hasta ahora tuve
suerte, ninguno tuvo tiempo de mostrar un indicio de colmillo o garra afilada. He
sido más rápida, astuta y cuidadosa, casi, casi, ¡como una loba!
11 comentarios:
Terrible, cuando la propia víctima se convierte en verdugo.
Nunca hay que dejar anidar los rencores.
Lobos entre lobas. Triste mundo.
Besos, Escarcha.
De victima a victimario. Describís muy bien el terror que atraviesan algunas familias, porque yo creo que muchas veces esto sucede y afecta también a los hijos. Que bueno sería que prendiera el instinto de supervivencia y esas garras de lobas aparecieran en algunas víctimas!!!! Muy bueno Diana. Abrazo
Este texto te salió visceral, Diana! Es el grito de la desesperación, que deriva en una actitud salvaje y destructiva. Es un fatal círculo vicioso y trágico. Que se da todos los días y que lamentablemente parece que se prolonga en el tiempo, gestando generaciones de víctimas/victimarios.
Muy pero muy bueno, morocha linda!
Me gusta cuando utilizando tu estilo, lográs denunciar situaciones como esta.
Besos embrujados!
Cuando los victimarios son atroces, o así los sufren las víctimas, éstas se creen con derechos a ser peor de malvadas que ellos. Y a veces lo logran...
Por el placer de la buena lectura, siempre es una fiesta leerte, admirada Escarcha!
Diana la Cazadora no debes temer de mi soy solo un lobo solitario enamorado de la Luna.
Besos
Y en menuda loba se ha convertido!!!
Creí, hasta que comenzaste a enumerar a los candidatos, empezando por J, que realmente era una víctima preparada para ser devorada, pero una vez más me equivoqué y tú, supiste hacer de esa víctima el más atroz de los verdugos...
Un tema llevado inteligentemente desde ese otro lado que se pueden visionar las cosa.
Me gusta estar de vuelta en tu casa!
Besos!!!
Hola Esacrcha , un relato que me dejo la sangre helada , la verdad es que yo me pregunto ¿ Por que , no son así , las mujeres maltratadas ? estaria bien , que una mujer pudiese transformarse en lobos fieros , dios que miedo .
Besos de Flor.... Chapo , por tu relato , me gusto mucho.
Aún en el medio de tanta garra y tanto colmillo trasluce una escarcha blanquecina que rotura en cálidos amaneceres, esperando que no exista o se diluya ese hogar desesperado donde el maltrato es una ofensa ante cualquier bien nacido.
Tiene fuerza este tu post.
¡Me gusta !
Besos.
En lugar de enseñarnos a amarlos aprendemos a temerles, muchas veces con justa razón, ¡Crueldad!
Como una loba!!!
Muy bueno!
Me encanta ese giro =)
Besotes
Me gusta el estilo de tus letras
El sabor que le das a las palabras
me gustan los sonidos que me dejas
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