Monstruos que retozan en este sitio:

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ella y su sueño.


Baja al derrotero que la lleva en andas, podría andar y sortear los obstáculos, podría hacerlo pero ese día no lo resistiría… hay días en los que llora y retrocede. Si, hay días en los que es una perdedora. Dentro hay un vaivén de sensaciones, se cae y aprovecha para inyectarse la sangre de sus pares, ha guardado cuartos de litros, por si el invierno recrudece y se le hiela la sangre en las venas (ella no se da por vencida cuando está vencida) baja en la montaña y entra al bosque de los perros, te sorprenden en cada recoveco provocándote sustos de muerte, sale a un claro y respira mirando el sol, levanta la cabeza y se diluye un poco formando las partículas de la luz (si, se diluye, porque es la única forma de dialogar con la vida), era un respiro nomás, tiene que entrar en los otoños y el recuento de glóbulos rojos no es el adecuado, por ratos se sienta y lee. Las letras de mujeres fuertes le ayudan, es un suplemento vitamínico, una cucharada de potencializador para los ojos: Nasello, Borjas, Valverde (¿Quién dijo que este mundo que le perfora los oídos en formato stereofónico y los ojos en 3D, no tiene escritoras que doblegan los tiempos y la hacen anacrónica en sus letras?) extrae la sapiencia, la beldad, se refriega un poco con los delirios y toma el sol de sus sentimientos. Se siente más fuerte y avanza hacia el otoño que no durará por siempre, llegarán otras estaciones, otros dolores, nuevas risas, unos cuantos sustos (Escarcha busca en las tripas de Cándida y sueña a ser como ella, deidad del inframundo, demiurgo de los perdidos, mujer con los ovarios bien puestos ¡carajo!). y no acaba, son desafíos sistemáticos, miradas vacías y personas con doble rostro. Te estafan, esta sociedad de mierda te estafa. Los que se acercan con sonrisas pétreas y te apuñalan están a la orden del día, pero ella no se cae, mira y sabe que hay más, que no se acaba. Que después de la hiel, el rocío de miel llegará convertido en melón. Se despierta. Recuerda el sueño y lo anota, está lleno de simbolismos, de estrategias oníricas y subconscientes, que le ayudarán a endulzar el té de hierbas que se prepara a tomar. Antes de salir se persigna, no cree en él (¿o si?) pero necesita de un sostén para los hombros. Otra vuelta por la vida, y van…

martes, 29 de marzo de 2011

Tu preguntas, yo respondo


Mimosa me pasa el testigo Tú preguntas, yo respondo.


-¿Cuantas preguntas puedes contestar inteligentemente?

No tengo ni idea, nunca me hice ningun test de inteligencia por temor a los resultados (jejeje)


-¿Una duda?

¿Quién soy?


-¿Una certeza?

Nací para ser madre. Nada me hizo más feliz y me dio mayor plenitud que ser madre.


-¿Un color?

¿Uno solo? De entrada te diría que el negro, pero el rojo me atrae con la misma intensidad.


-¿Un deseo?

Ser menos ansiosa, poder controlar mis impulsos.


-¿Una virtud?

Ufff. no se. ¡ser optimista! :-D


-¿Una frase?

"A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura". Isidoro Blaisten


-Un sueño

Lograr encontrar la calma.


-Un defecto

La inestabilidad


-¿Que significado tiene para ti una hoja en blanco?

Un momento de catarsis o una historia para contar.


-¿Escribes por necesidad o por afición?

Me gusta escribir, el 80% de las veces lo hago por placer, el 20 restante como una necesidad de liberar el alma.


-¿Pones música en tu blog?

Tenía música, ahora ya no.


-Eres una persona sentimental?

lo justo.


-Si tuvieras que tener un solo sentimiento ¿Cuál sería?

ups, que aburrido sería. Haría un combo con todos y elegiría ese combo, je!


-¿Una Pregunta?

¿Se llega a tener certezas a lo largo de la vida o es todo un constante de incertidumbres?


-¿Si desearas algo que pedirías?

Que mis hijos sean felices.


-¿Cuándo escribes que sientes?

me desconecto. Siento lo que siente el protagonista del texto que esté narrando.


-¿Eres creyente?

No.


-¿Si no fueras creyente en que creerías?

Creo en el amor, en el don humano para decidir entre lo bueno y lo malo. Creo en el futuro del hombre y nunca pierdo las esperanzas de que todo mejore.


-¿Qué esperas de la vida?

Que me permita estar con ellos el mayor tiempo posible.


-Tienes un blog ¿Por qué?

Porque los textos de terror no abundan y quise aportar mi pequeño granito de arena.


-Crees que eres una persona a la que se reconoce su valía?

Me siento apreciada y valorada por las personas que me interesa que me aprecien y valoren.


-¿Qué esperas del amor?

Qué me sorprenda.


-¿Qué le pedirías a la vida?

PAZ Y ROCK & ROLL

;-D


Bueno, he cumplido, ya nos conocemos mejor, siguiendo con el ritual debo elegir 5 blogs por si estiman oportuno entrar en el juego.

Por supuesto que si alguna de las mujeres que elijo no desea hacerlo no habrá absolutamente ningun problema!!!!!

y el testigo lo paso a:





viernes, 25 de marzo de 2011

El accidente (Final)


Recuerdo que casi me orino del susto cuando la vi salir por entre los árboles.
No se si sentí alegría. Si Marisa no hubiese sido siempre tan recta tal vez habría sentido alivio al pensar que me ayudaría con aquel cuerpo extraño. Pero Marisa no era de aquel tipo, Marisa me habría delatado y guardado la llave de mi celda ella misma.
Decidí, sobre la marcha, que me tendría que deshacer del cuerpo sin su ayuda y por supuesto, sin que se enterara.
Casi corrí hasta el auto.
Agitado.
Tenía ganas de vomitar de la angustia que sentía.
Renegué de mi mismo, ¿de donde había sacado la idea de salir con una mina como esa? En más de una ocasión sentía que más que mi novia se parecía a mi madre, dándome sermones, indicándome como hacer las cosas correctas... era una mina que no sabía vivir la vida.
Pero era buena. Supongo que Marisa era buena... ¿Lo era?
Llegué al auto, el cuerpo había comenzado con su proceso de rigor mortis y demoré en sacarlo.
Una vez fuera lo arrastré lejos, entre los matorrales, siempre atento a que ella no se acercara.
Cada ruido que escuchaba me paraba y corría un poco hasta la ruta para percatarme que siguiera sentada donde la había dejado. Cada vez que fui a verla ella estaba en el lugar, dándose masajes en los brazos, tiritando de frío o tal vez de miedo.
No.
Marisa no tenía miedo, supongo que en esos momentos Marisa se enfriaba.
Cuando logré alejar el cuerpo lo suficiente, me armé de valor para revisar sus pantalones en busca de alguna identificación.
La encontré en el bolsillo de atrás.
La abrí y lo leí.
No entendí lo que leía, me pasé la mano por los ojos y volví a intentarlo.
Ahí me di cuenta de que la primera vez, lo había leído bien. No sé que hice con él, supongo que lo tiré.
Retrocedí sin entender.
Tratando de racionalizar, de encontrarle sentido a lo que estaba viviendo.
No había lógica.
Vomité.
Me arrodillé junto a ella e hice lo que debía haber hecho desde un primer momento, le retiré el cabello de la cara y la miré.
Los ojos estaban abiertos y casi blanquecinos. Tenía magulladuras y golpes fuertes, un corte profundo en la frente y sangre seca en todo el rostro pero aun así la reconocí... era ella.
No miré en derredor, no pensé más, no traté de analizar lo que era ilógico.
Corrí en dirección contraria. Demente, devorado por el susto, orinándome encima y sintiendo que tal vez estaba a dos pasos detrás de mi.
¿Cuanto corrí?
¿Una hora?
Cuando el aire ya no entraba en los pulmones, cuando mi sistema me pedía a gritos un segundo de descanso me detuve y volví el rostro.
-¿Quien era ella?- me gritó, con la cara deformada y azulada de muerte.
Retrocedí espantado, tropezando con el promontorio de rocas en el que la había dejado sentada. ¿Cómo era posible que hubiese corrido en círculo?
Intenté escapar, huir de sus manos frías que se ceñían a mis hombros dándome tumbos en el suelo al grito de: ¿A quien mataste? ¿Quien era la mujer que pusiste en el auto con tanto esfuerzo que terminaste por quebrar los pocos huesos que le quedaban intactos?
Le pedí piedad.
Lloré implorando por mi vida.
Creí que aquel día moriría, que la tierra se abriría y me obligaría a bajar con ella.
Pero me perdonó, sé que me perdonó, lo supe cuando se tapó el rostro y lloró mientras se alejaba y desaparecía en la distancia.
Ella volvió para dejarme una última enseñanza, lo hizo y aprendí. Soy más calmo desde esa vez. Trato de andar con respeto por la vida. Trato de no hacerla enojar.
Ella me lo enseñó. Si ¡Me lo enseñó!
Ahora estoy mejor. Siento que la enfermera se acerca, espero que sea ella porque a veces es Marisa la que me trae la medicación... y no me gusta. Se me queda mirando de una manera extraña, con esa herida abierta en la frente... no me gusta.
Ojala esta noche pueda dormir sin que me aten.
Seré un buen niño.
Si.
Seré un buen niño.
Marisa se sentirá orgullosa de mi, esta noche dormiré sin que me aten.

jueves, 24 de marzo de 2011

El accidente (II)

Creado los subterfugios necesarios se sentó a esperar al costado de la ruta a que pasara un auto, una bicicleta, una moto o tal vez un ovni que lo rescatara. Nueva sonrisa. Era un hombre fuerte que hasta en momentos extremos no perdía el humor, pensó, mientras se miraba los brazos rasguñados y el pantalón roto por el accidente.
Pasó aproximádamente media hora, cada crujido que se producía a sus espaldas lo hacía temblar ¿a que le tenía miedo? Evitaba a toda costa mirar el auto con las ruedas al aire como un animal herido y aquella silueta que se dibujaba en el interior.
Unos pasos se acercaban por entre la maleza...
¿Un hachero? -pensó-¿tal vez un lugareño? Lo único que esperaba es que tuviera un celular que funcionara, el suyo había perecido junto al auto.
Ya lo veía acercarse por entre el monte. Las últimas ramas se hicieron a un lado y consternada apareció Marisa, con un golpe fuerte en la frente desde donde había emanado sangre que le bañaba el rostro dándole una imagen funesta de si misma.
El muchacho se puso de pié de un salto, tragando saliva y sintiendo un frío intenso que le subía por las rodillas.
La mujer venía con la mano en la cabeza, pero al verlo el rostro se transfiguró, parecía haber olvidado sus dolores. Marisa corrió gritando feliz hasta su encuentro y se le tiró encima abrazándolo mientras reía y lloraba fuera de si.
-Te busqué por todos lados, no lograba encontrarte, me perdí, hace mucho que camino tratando de hallar la ruta, pensé que habías muerto- le explicaba mientras la sangre seca volvía a licuarse por las lágrimas y se mezclaba con la suciedad y el sufrimiento de la mujer.
Marisa no dejaba de abrazarlo y acariciarle el rostro, los manos, el pelo... Jorge seguía parado, con los brazos a los costados, tal como había quedado cuando la vio salir. Intentaba entender lo que sucedía. Sin dar vuelta el rostro, con el rabillo del ojo miró hacia el auto, la silueta distorsionada seguía en el interior... ¿a quién había atropellado en su loca carrera? ¿a quién había matado y puesto como carnada en el auto? Él habría jurado que era Marisa, pero una remera gris y un jean azul podía tener cualquiera. Es más, recordó que para no sentir asco por el estado de la mujer había evitado observarla, y que mientras la acomodaba en el auto trataba de mirar el suelo o los pies descalzos del cuerpo, para no toparse con los ojos, con alguna mirada perdida en el submundo de los muertos.
¿Cómo le explicaría a Marisa todo lo que había hecho?
La muchacha parecía no darse cuenta de su turbamiento. Luego de la alegría vino el enojo.
-Te dije que no conducieras, ¡casi nos matas a los dos! ¿Que habría hecho si te pasaba algo? ¿Donde está el auto?
La pregunta lo volvió a la realidad.
La tomó de los hombros, la condujo un poco más lejos calmándola, examinándole el rostro para comprobar que la herida no fuera profunda o simplemente tocándola para ganar tiempo y pensar en el siguiente paso, llegó a un lugar lo suficientemente lejos del accidente y desde el cual no podía ver el vehículo. La beso e hizo que se sentara en un promontorio de rocas.
-Tienes razón, yo tengo la culpa de todo, pero ahora tenemos que salir de aquí, el auto está destrozado, voy a volver a buscar mi celular por la zona, no te muevas.
Ella se paró de un salto con cara de susto a lo que él la tranquilizó.
-No me voy a alejar, necesitamos salir de aquí y no podemos ir hasta el auto los dos, uno debe quedarse en este lugar por si pasa algún vehículo.
Marisa aceptó de mala gana.
-¿Estás bien?- le preguntó ella besándolo.
-Creo que si. Te busqué tanto que no tuve tiempo de mirarme, creo que estoy bien- respondió y besándole la frente la dejó sentada mientras él se internaba en la maleza en dirección al vehículo.

continuará.

martes, 22 de marzo de 2011

El accidente (I)

El auto dio varios tumbos y quedó dado vuelta a un costado de la ruta, sumergido en la vegetación del lugar.
El muchacho despertó y tardó en comprender lo que sucedía.
Marisa le había dicho que no bebiera, que la dejara conducir, que él no estaba en condiciones. ¡Marisa! ¡Marisa siempre pecando de histérica y exagerada! ¡Marisa! ¿Marisa? ¿Marisa, donde estaba?
Logró salir del auto con dificultad, las piernas le temblaban y un golpe fuerte en la cabeza lo tenía confundido y mareado.
Busco a su novia alrededor del auto sin encontrarla.
Si Marisa estaba muerta en algún lado, él estaría en problemas, había conducido alcoholizado esa noche.
Su padre le quitaría las tarjetas de crédito y su madre seguramente no lo dejaría subir a un auto por el resto de sus días. Desesperado salió a la ruta y con la luz del amanecer logró divisar el cuerpo de su novia, unos metros atrás, en el mismo lugar en el que perdiera el control del auto.
Se quedó parado, mirándola unos segundos, ella no pagaría las consecuencias de aquel accidente y él sí... ¿o la muchacha podría ayudarlo de alguna manera?
La tomó entre sus brazos, tratando de no buscar explicación a las extrañas curvaturas y dobleces que presentaban los brazos y piernas, y la llevó al auto colocándola como pudo en el sector del conductor.
Diría que él había bebido y que por tal motivo ella conducía aquella noche.
Se presentaría desperado ante sus padres y llamaría llorando a la madre de la chica para dar la fatídica noticia.
No pudo evitar sonreír ante tremendo plan que lo salvaría de arruinarse la vida.



continuará
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