Monstruos que retozan en este sitio:

lunes, 22 de marzo de 2010

La Profesora Suplente


Los brazos pesaban, pero ya sabía manejarlos.
Ocultó las orejas debajo del cabello abundante y ondulado e ingresó al aula donde la esperaban 15 mujeres en edad fértil, dispuestas a terminar los estudios secundarios en la escuela nocturna.
La clase dictada por la profesora suplente fue mas bien una arenga creada para salir a la calle, enardecidas, en defensa de la naturaleza vapuleada en un planeta desgastado.
Aquellas mujercitas poco comprendieron de todo lo dicho. La mitad la miraba extasiada, algunas aburridas y seis a poco de dormirse en sus pupitres. A estas últimas, antes de retirarse con el toque de timbre se les regalo, discretamente, un muestrario de fragancias en pequeños cartoncitos rectangulares.
La profesora suplente les daba por lo bajo con la excusa de que sólo le quedaban unos pocos y que servían para pasárselos por el cuello y que el aroma cítrico quedase en la piel tersa de las jóvenes que aceptaban gustosas el obsequio.
A la media hora de haber realizado el ritual enseñado se sintieron somnolientas.
Dos días después despertaron todas perfectamente plantadas en un jardín extenso, enterradas hasta el pecho sin poder ejercer ninguna clase de movimiento del cuello hacia abajo.
Cuando los ojos se acostumbraron a la oscuridad comprobaron que había otras mujeres semienterradas como maceteros vivientes y extensas ramas salían de las orejas, nariz, boca y de las cuencas vacías de los ojos, dando vistosas y grandes flores rojas que tenían como corola, globos oculares.
Sumergidas en el susto ninguna gritaba, embebidas en el silencio de lo absurdo, perdidas en una realidad escalofriante y con tintes truculentos, todas creían que era un sueño y que despertarían, hasta que apareció la profesora suplente con una regadera en la mano, el cabello atado dejando ver los brotes que asomaban por las orejas.
-Ya están fertilizadas y despiertas mis ovejitas descarriadas, ahora servirán a su tierra... donando vuestros úteros- les explicó sonriente, dejando entrever los dientes verdes y procedió a regarlas.
Las 6 comenzaron a chillar enloquecidas cuando sintieron que con el roce del agua algo en sus vientres comenzaba a moverse... palpitaba... se acomodaba... la vida verde les impregnaba de clorofila la sangre.

Pronto sus hijos germinarían a través de sus oídos.

sábado, 20 de marzo de 2010


Con la cabeza escondida y los ojos cerrados,
con los puños prietos y la cara empapada,
no hay arenga que me levante.
Baja los brazos y huye
o me asiré de tus piernas
y juntos desapareceremos
en las pútridas aguas de mi
nauseabunda soledad,
en la extenuante planicie
de mi truculento desierto.
No me mires, no te apenes.
Arráncate las uñas y cuélgalas
de mi pecho como souvenir venturoso.
Ruge y grita, que mis oídos queden
acostumbrados a tus sonidos
y que la sonrisa de tus ojos
me acune en una suave penitencia de amor.

sábado, 13 de marzo de 2010

EL DESEO


Trepó el árbol hasta la punta, y en la última rama, sujeta a ella, se sentó y comenzó a desvestirse.
Cada prenda la arrojaba al cielo y veía como planeaba hasta quedar inerte sobre el suelo, el corpiño sobre un arbusto, la pollera un poco más allá en el pasto, la bombacha casi al lado de su remera.
Una vez desnuda se paró y sintió el viento, el calor de la tarde, el picor del sol sobre la piel morocha, tersa, brillante, sudorosa... bella.
Ahora de puntitas de pies, elevando el rostro, oliendo al mundo.
Percibiendo cada perfume que llegaba a ella.
Intuyendo las caricias que el cielo quería darle.
Clamando tiernos besos sobre las heridas abiertas.
Sonreía porque quería llorar. Elevaba el cuerpo porque en realidad quería caer.
Se cruzó de rama en rama, raspándose los brazos, haciendo sangrar las palmas de las manos y rasgándose las uñas de los pies.
¿Qué buscaba? ¿Qué esperaba encontrar?
Ella lo sabía. Si, lo sabía. Sólo necesitaba el suficiente valor.
Cuando el sol comenzó a retirarse, bajó. Se sentó en la tierra, con las piernas cruzadas y los brazos en alto y comenzó a murmurar palabras inteligibles en una lengua extraña, susurros que luego fueron gritos que ahuyentaban a las aves ocasionales.
La noche cedió y la escondió entre la vegetación.
Ahora se escuchaban sus pies, pisando fuerte, sosteniendo una danza frenética, delirante, embebida en su mente alienada.
A las 12 de la noche se percibieron los pasos y entre los aullidos que daba la garganta casi afónica y los saltos, idas y venidas, corridas y trotes pudo escucharlo, se detuvo en seco. Casi inmóvil, toda ella, todo su cuerpo, hasta la transpiración parecía que no corría, que se había quedado estática en la piel morena.
Por detrás del árbol apareció calmo, los colmillos brillaban a la luz de la luna, partían de la mandíbula de abajo y tocaban los pómulos protuberantes. Los cuernos grises parecían querer anudarse en lo alto. Era singular. Un híbrido de alguna especie extraña con otra aún mas.
Se acercó a ella y se sentó de frente a la mujer que lo imitó agitada.
-¿Qué quieres?
-Quiero olvidarlo. Quiero que él ya no exista en mi.
Levantó la mano y le tocó un pecho.
-¿y a cambio?
-Lo que pidas.
-Quiero que seas mía.
La mujer miró al engendro, el cuerpo desproporcionado y deforme, era como la burla de una realidad distorsionada.
Ya no tenía nada que perder. Era dar algo que ya no tenía sentido, el dolor que le atormentaba el alma le dejaba el cuerpo anestesiado y dormido. Sabía que podría.
Daría todo, absolutamente todo, para no recordar. Para que el recuerdo de su cuerpo no la torturase más en esas noches frías en las que sólo deseaba el suave tacto de su piel en la de ella.
-Acepto. Seré tuya.
Y el híbrido, engendro demoníaco, parodia de gnomo gigantezco se le tiró encima mordiéndole el cuello y destrozando la yugular.
Cada mordida lo llevaba de un orgasmo a otro sin saber cual era más sublime.
Cuando terminó. Se levantó dejando de la mujer, escasos restos.
-El deseo está cumplido.
E introduciendo la mano en el pecho de la fémina agónica, sacó con las garras una estelita luminosa que guardó detrás de los colmillos.
-Y ahora tomo lo mío... de aquí en más, ¡serás mía!
Con el alma confusa de la mujer torturada que devino en tenue luz de estrella, se internó nuevamente en el bosque, dejando vestigios de luces mientras caminaba.

Ya no lo recordaba, ya no existía él en ella. Se había cumplido su deseo... su último deseo.

lunes, 8 de marzo de 2010

MUJER


No era una frase suya, la había leído en internet clickeando con su mano buena y dejando quieta la quebrada y enyesada.
Se la habían pasado por debajo de la puerta en un papelito discreto, escrita con tinta roja pero oprimiendo con fuerza.
En la calle se la murmuraba bajito, de oído en oído, o fuerte haciendote doler el tímpano.
Un llamado ancestral se liberaba desde la matriz de la tierra y corría libre por el aire envalentonando las almas más tiernas.

Te brotaban alas y podías volar al pronunciar las palabras mágicas, la piel se engrosaba y no se podía cortar ante la adversidad.

Rebanabas el cielo con las manos y te apropiabas de las estrellas.

Era el momento.

Todas se miraban asustadas por la jugada próxima, asustadas por el presente, horrorizadas por el pasado.

Pero ese día el llamado ancestral de todas las féminas no clamaba clemencia, te alborotaba el pelo y no te permitía pensar, decidir, razonar, discernir. Era una impiadosa sed de justicia tatuada en el cráneo con hierro candente.

Se acomodó la remera sobre el vientre abultado y tomando su bolso se dirigió a él y sin reparos exclamó alta la frase mágica y liberadora.

-ESTE CUERPO ES MIO, NO SE TOCA, NO SE VIOLA, NO SE MATA.

Él la miró sin comprender.

La miró sin importarle.

La miró sin compasión.

-ESTE CUERPO ES MIO, NO LO TOQUES SIN MI PERMISO, NO LO ULTRAJES QUE MUERDO, NO LO LASTIMES QUE AHORA TENGO LENGUA BÍFIDA E INOCULO VENENO.

y dándose vuelta abrió la puerta que él cerró de una patada.

Tranquila decidió que hoy cenaría a su enemigo y abrió la boca, desarticulando las mandíbulas y mordiendo el pecho, deglutiendo el músculo que aun palpitaba entre sus fauces.

Salió a la calle y se encontró con todas sus hermanas que caminaban briosas abriendo surcos en el pavimento.
Desnudas, diosas de la noche. Con los pechos iluminados por la luna y las caras mimetizadas en mil más.

En todas estaban las almas de las mujeres muertas por sus compañeros que decían amarlas, muertas de cansancio, muertas varios metros detrás del hombre sin que este se diera cuenta. Muertas porque no tenían el poder de decidir sobre sus vidas, sus futuros, sus almas, sus cuerpos. Muertas porque si. Muertas sin una segunda opción.

Se puso de cuclillas y parió a su hijo que gritó hasta que lo colgó de la teta, y miró al futuro que mamaba de su leche y por fin lloró, por todos y por todo, hasta por el impiadoso muerto. Porque una mujer llora hasta cuando ama a su verdugo.

El niño crecería sano, sin la violencia de género, reconociendo a la mujer como su par, su compañera, su aliada en la lucha.

Varias parieron esa noche e iniciaron el camino.

El horizonte rosa pronto dejaría de ser una quimera y se transformaría en una planicie verde en donde anidar sin miedos.

SOY MUJER:
DESAFÍA MI MENTE, NO MI CUERPO,
UNETE A LA LUCHA O UNTA TU PIEL
COMO ALFOMBRA BAJO MIS PIES.

miércoles, 3 de marzo de 2010

SER GENUINO


-Hace mucho que no escribo, la inspiración no desapareció de un día para el otro, fue gradual.
-¿y desde cuando te consideras escritor?- Me preguntas con un arrimo de burla.
-Escribo, ergo, soy escritor. Vos vives tu vida pelotudeando, nunca me tope con vos en actitud de meditación, por lo tanto sos una pelotuda, no es tan difícil.
Te ofendes y terminas mirando hacia otro lado con aire solemne.
-Sostené aquí- te ordeno. Agarras el brazo de mala gana y arrugas la nariz, no me importa, yo mando, para eso te pago.
Antes de secarlos necesito el preciado aceite que despide el cuerpo a las 3 o 4 horas de muerto. Haces arcadas y me molesta. Que cínica sos, si yo se que te atrae de mí, mi lado morboso, mi ángulo original… ¡genuino!
Desde que decidí incursionar en el grupo la personalidad de mi escritura se desdibujo, ellos eran buenos, escribían bien y la mayoría mas que buenos textos eran extraños, se mezclaban las prosas con los versos de una manera tan exquisita, megalómana, grandilocuente… y me daba bronca.
-Sostené el otro brazo- ordeno – pero sostenelo bien y callate.
Así que decidí hacer los aceites y bañarme todas las noches en ellos, para poder tomar sus esencias. Claro que para eso necesito muchos cuerpos y ellos no son tantos, a aquel le voy a sacar poco, era un izquierdista, no vaya a ser que se me pegue eso.
Y creo que por ahí podría encontrar la respuesta, buscaba en los lugares equivocados, no era en el exterior… sino en el interior. Después los hago secar al sol y me confecciono un vestido de piel.
-Eso está trillado- me contestas
-y bue, habrá que reinventar la escritura, intento no caer en comunismos. No me juzgues. No me jodas. Aunque conmigo no corres peligro, a vos aparte de ignorancia, no podría sacarte mas nada.-
Terminé de decir la frase y pasaron unos cuantos segundos hasta que la digeriste, luego el golpe me dejo noqueado.
Cuando desperté ella estaba haciendo hervir mis preciados aceites y me había cortado los dedos
-¡Para que no escribas más!- me gritaba.
Los ponía a hervir y le agregaba azúcar, luego alcohol, mucho alcohol. Se para en seco y me mira, comienza a prepararme.
¡No me comerá! ¡Me beberá! Si eso no es original la originalidad… ¿donde está? Sonrío orgulloso de ella, en una de esas su mente pudo ser persuadida por me genialidad. ¿Es esta mi alumna? ¿Aquí está mi legado? De pronto me siento conforme, el siguiente golpe me duerme
nuevamente
.
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