Monstruos que retozan en este sitio:

viernes, 4 de diciembre de 2009



¡Shhh, silencio! Rosana descansa.
Tiene un pedazo de carne en la mano que a simple vista no se reconoce que es.
Hay una cascada de sangre que intenta coagularse regada por todo su cuerpo, adornandola de tonos oscuros, parece una pintura, un cuadro maldito, un escalofrio violento pincelado en tela.
Sonrie en sueños.

¡Shhh, silencio! Rosana descansa tranquila.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¿Vos te meterías con una mina como ella?

Se despertó con el sonido de la música.
Era un tema que a ella le gustaba escuchar cuando estaban juntos, escondidos, en la casa de él.
"Tu eres mi obsesión" decía el estribillo. "Tu eres, tu eres, tu eres mi gran obsesión".
Ultimamente se ponía inquieta, le soltaba las manos y caminaba de una punta de la habitación a la otra, hablando sola, abriendo y cerrando los puños.
El chico a veces esperaba paciente a que le pasara, en otras ocasiones le temía.
Se corrían rumores. Se hablaba de ella. Nada concluyente, nada comprobado, chismes de viejas de vereda.
La Rosana que él llevaba a la cama era cambiante. Reía a las carcajadas o lloraba intensamente, pero nunca haría lo que decían... lo que se hablaba... chismes de viejas desdentadas.
A veces esperaba paciente a que le pasara, en otras ocasiones le temía. Ese día, ¡Rosana le provocaba miedo! El solo verla, moviendose despacio, murmurando, con una pequeña luz iluminandola desde un lateral, le ponía los pelos de punta. Parecía un fantasma, una aparición satánica... una bestia en un extraño ritual, próxima a dar muerte a su presa.
-Tu eres mi obsesión- gritaba llorando y hamacando el cuerpo, como bailando, dándole la espalda, levantando un brazo y extendiendo la mano, como queriendo alcanzar algo.
-Tu eres mi obsesión. Tu eres, tu eres...- y se lamentaba - No puedo, no puedo, no quiero, no me obligues, no me insites... la obra quedará inconclusa- por ratos lloraba.
Se levantó despacio y caminó con sigilo, algo le decía que esta situación no era como las demás... algo le decía que ahora no era como ayer.
La rodeó poniéndose frente a ella. Seguía hablando, llorando, cantando.
-Tu eres mi obsesión. Tu eres, tu eres, tu eres.
Un cuchillo tipo carnicero, de grandes dimensiones aprisionaba contra su pecho y brillaba con especial encanto. Tenía los ojos enrojecidos, hinchados, abiertos inmensamente, las pupilas dilatadas.
-Tu eres, tu eres, tu eres...
Lo miraba y aun así parecía no verlo.
Dudó un instante, un segundo, y decidió que hoy no era como ayer.

Se dió media vuelta e intento huir.

Letras en la pared

Quiero no escucharte
para otra vez poder oír.
Quiero no necesitarte
para otra vez poder vivir.
Dame el cetro,
quiero el control.
Quiero mandar y ser reina.
Dominar mi manos
y ocultar las garras.
Levantar los brazos
y esconder las alas.
Abrirme las venas
y desangrar el odio
con el que me alimentas.
Jugar a ser Dios
y reventarte con mil centellas.
Dame la posibilidad.
Me estoy enamorando
y quiero amar.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

¿y ahora?



Ha notado que la mira y a veces le sonríe.

Le dicen "Rody" y vive a unas cuadras de su casa.

Ha sentido la necesidad de usar faldas y peinarse bonito.

Cuando lo mira, ella, le sonríe.
Él inventa escusas para acercarse.

La primera charla se dio una tarde calurosa en la que se disponía a ir al monte con una cría de la perra de su vecina.

Mientras charlaban del tiempo, se encontró feliz y pronto cedió a la satisfacción de sentirse normal. Era como las niñas bonitas que coqueteaban en las esquinas (aunque ellas no se orinaban cada vez que destripaban un gato).

Se pasaba el perro de mano en mano y sonreía hamacando los hombros de un lado al otro.

Él, antes de irse, como de pasada, le preguntó si algún día podrían salir a tomar algo.

¿Podrían? ¿Ella podría?

Su alma insomne y su mente podrida... ¿podrían?

Hacía quince minutos que se contenía con calores que le subían desde su entrepierna y hacían eclosión en el estómago. Quería morderlo, probarle los labios, arañarle el pecho y arrancarle los pezones, jugar con su ombligo y beber de su sexo. ¡Su sexo! ¿Qué gusto tendría? ¿Cuanto tardaría en reventar si ella lo apretaba con las manos o lo mordía salvajemente?

Se dio cuenta de que él callaba esperando una respuesta.

Intentaba concentrarse pero no podía, él le hablaba en la cabeza y le contaba las dulces sensaciones que la dejarían en un coma agónico de dicha si se lo tiraba y después se lo comía en trozos asados a la parrilla.

Bajó el rostro y casi retirándose le contesto.

-Algún día, tal vez.

martes, 1 de diciembre de 2009

Él regresa

-No estabas.
-Vos no me querías ahí.
-No estabas.
-Yo si quería, pero no puedo si vos me evitas. Si tomas las pastillas no estaré... me necesitas, todavía no estas preparada para vivir sin mi.
-Ya se
-No tienes que tomarlas. Rosana sos la única dueña absoluta de tu vida. Nadie tiene que decirte como vivir, donde amar, en quien odiar, para que sanar o si es malo matar. Confía en mí, yo te ayudaré a alcanzar lo que deseas, conmigo te sentirás plena. Soy tu amigo, yo te enseñare a caminar, y recuerda:
"La felicidad puede estar en el salto de un niño en la cuerda, o en la órbita de un ojo, flotando en un vaso con fernet".
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